Rutina y soledad

Sonó el despertador, las siete y media.
Café, bizcocho, zumo de naranja,
ibuprofeno para los riñones,
enciendo un cigarrillo —mi pequeño pecado—.
Vacío los deshechos de mi cuerpo,
la ducha como forma de catarsis.
Afeitado de barba, cepillado de dientes.
Mirándome al espejo, nuevas canas y arrugas
en el rostro de un hombre preocupado,
grisáceo, taciturno. Con frecuencia
me pregunto a mí mismo si siempre estaré solo.
Me pongo el uniforme de individuo
que navega en el mar de la rutina.
Camino por las calles gélidas de diciembre,
destino a la oficina, me pierdo entre la gente
bajo el espeso manto de la niebla
me sigue como siempre muy de cerca
la triste soledad que me acompaña.

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Un comentario sobre “Rutina y soledad

  1. Me gusta mucho, Carlos. Describe una rutina y transmite muchísimo. Me he imagino perfectamente a ese hombre, realizando los actos de cada día, con el bagaje de la soledad y el hastío.
    Y estos dos versos: “Me pongo el uniforme de individuo / que navega en el mar de la rutina”, me parecen magníficos.

    Le gusta a 1 persona

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